Lo que se hereda, se cuida

Nuestra historia se ha construido generación tras generación entre manzanos y toneles. Una forma de entender la sidra que sigue viva hoy, con el mismo respeto por la tradición y la misma pasión por lo que hacemos.

Tradición familiar sidrera

Celestino Cortina Cuadra quedó huérfano de padre a los 7 años y creció ayudando a su madre y abuelos en el pequeño llagar familiar, el “Llagar de la Nonzalera”. Desde muy joven se encargó de tareas como recoger manzana, lavar los toneles y otras labores propias del llagar.

Celestino se casó en 1950 con Palmira Noriega Torre, criada en el chigre-tienda familiar de Bayones, en Villaviciosa. En 1952 decidió apostar por la sidra, un negocio en el que pocos creían entonces. Fue en Solares de Coru (Villaviciosa), conocida como «la aldea más guapa de Asturias», donde nació Sidra Cortina.

Con el paso de los años, la calidad de su sidra comenzó a abrirse camino y a ganar el reconocimiento del sector. Eran tiempos difíciles, en los que el mercado era reducido y las oportunidades escasas, pero antes de su prematuro fallecimiento, Sidra Cortina ya se había consolidado entre las sidras naturales más apreciadas de Asturias.

Con tan solo veinte años, toma las riendas del llagar su hijo Eloy, auténtico artífice de la expansión de la marca familiar. Eloy multiplica la producción e incorpora progresivamente avances tecnológicos, siendo pionero en la automatización de las líneas de embotellado y prensado. También comienza la apertura de nuevos mercados. Madrid o Bélgica son desde finales de los años 70 puntos de venta de Sidra Cortina.

El 5 de febrero de 2001, se inaugura en Amandi el «Llagar de la Ferrería». Un hito en la historia del mundo de la sidra asturiana por ser el primer lagar moderno de Asturias en el que se abren paso Pablo y Tino, los dos hijos de Eloy. Una nueva generación de llagareros.

Y así hasta hoy. Con dos de sus nietos ya vinculados al proyecto familiar, desde este enclave privilegiado de Amandi, donde tradición y tecnología se dan la mano, nuestras manzanas continúan mayándose año tras año para transformarse en la sidra que ha definido nuestra historia.

Tan natural como nuestros propósitos

Cuidar y transmitir la cultura sidrera asturiana, llevándola más allá de nuestro territorio y acercándola a nuevas generaciones, para que siga viva, entendida y respetada.

Nuestro
compromiso

Familia

Somos la viva historia que se transmite de generación en generación. Trabajamos como aprendimos: cuidando lo nuestro y a quienes lo comparten con el mismo cariño que nosotros.

Tradición y Cultura viva

Apoyamos y promovemos actividades culturales que mantienen vivo el patrimonio asturiano y su forma de entender la vida. Miramos hacia adelante sin olvidar de dónde venimos, acercando esta cultura a quienes serán los que la cuiden mañana.

Orgullo

Defendemos la sidra, la tierra y su historia con respeto, sin ruido y con hechos.

Futuro con raíces

Creemos en la tecnología como una aliada para proteger nuestro entorno. Por eso apostamos por procesos más sostenibles y energías limpias, como nuestro parque solar, para que el llagar siga vivo muchos años más.

Premios